Me inquieta mucho que en Bellas Artes nos hagan reflexionar tanto sobre nosotros y nuestros intereses personales. ¿Nos querrán convertir en un ejército de personalidades individualistas que se creen especiales?
No, en serio. Yo soy yo, y tengo mis tendencias, mis gustos, gente que me inspira y un camino propio que poco a poco voy creando (¿No?). Durante estos dos años y medio, aunque me cueste reconocerlo, he aprendido muchísimo, pero no puedo evitar verme parte de una producción en cadena de "Egos Agigantados". Yo quiero hacer esto, y quiero sentirme diferente, hacer algo nuevo. Pero es que el de al lado también, y el de más allá, y este, y el otro... Soy una más entre el mar de almas individuales que se sienten únicas. Tengo mi obra, en mi blog. Tengo obsesiones. Me gusta dibujar. Llevo casi tres años en una carrera que me hincha el ego de forma peligrosa. Ya verás cuando salga de aquí.
No sé, siempre me ha gustado pensar que cada uno tenemos nuestro pequeño mundo. Yo me siento cómoda en ese mundo, pero es eso justamente lo que me asusta. Lo protegida que me siento en esa especie de nido que he construido, lo indefensa que me veo de cara al futuro. Qué pánico tengo a terminar la carrera, encontrarme a mí, sola conmigo misma y enfrentarme a la temida pregunta... "¿Y ahora qué?"
¿De verdad me va a servir todo este "hinchamiento" de la personalidad? Me imagino el momento en el que lleguemos a trabajar de lo nuestro (si es que algún día llegamos a eso). Entraremos a una empresa en la que todo el mundo nos mirará por encima del hombro aunque en realidad estén igual que nosotros. El jefe en cuestión nos dejará sin argumentos a la hora de defenderte. No creo que en ese momento valgan los "no, es que yo quiero..." "no, es que a mí me interesa..."...
No sé, sólo lo pienso.
Luego me pongo a hacer un trabajo que me han mandado sobre buscar "referentes" de mi trabajo y me vuelvo a regocijar en mi individualidad. Eh, aquí estoy yo. Yo soy esta. Esto es lo que me interesa. Esto es lo que quiero. Yo. Yo. A mí.
En realidad, ni siquiera me gusta decir que soy "artista". Por dios, eso es una palabra muy gorda.
martes, 5 de marzo de 2013
viernes, 4 de enero de 2013
Felices.
Me acuerdo mucho del día de reyes de cuando era pequeña. Era genial, era uno de los mejores momentos del año. Las vacaciones parecían todavía eternas por delante (?), y esperábamos nerviosísimos la llegada de sus majestades. Los padres estaban contentos, y nosotros también.
Bajábamos con mis abuelos y con Marta a ver la cabalgata, que pasaba cerca de casa. Yo siempre estaba atenta a ver si el rey Baltasar (el mejor , sin duda alguna) me lanzaba algún caramelo, o simplemente, alguna mirada rápida. Mi abuela me abrazaba con su gran abrigo de piel, que se pasaba todo el año deseando sacar en su visita navideña a Madrid (donde hacía frío para ello, se supone).
Luego subíamos a casa, y poníamos tres vasitos de vino y tres platitos de azúcar en el salón. A un lado, mis zapatos, y a otro lado, los de Javi. Luego, en una fila a los pies de la mesa pequeña, los zapatos de todos los mayores.
Y nos íbamos a dormir.
Y mi abuela decía: "¡Yo creo que esta vez sí que los he sentido!"
Y la gran alegría por la mañana, o de madrugada si mamá tenía que irse pronto a trabajar.
Ahora ya no hay niños en casa, ya no hay regalos. En lugar de salir a ver la cabalgata, me paso el día encerrada acabando trabajos a última hora para entregar la semana que viene.
Pero no os confundáis, no voy a terminar esto con el tono melancólico y deprimente de siempre que todo el mundo utiliza para hablar de la navidad. Este recuerdo de los reyes magos me esboza una sonrisita cada vez que me acuerdo. Me gusta mucho recordarlo, es genial. Ojalá algún día pueda hacer que otros niños sientan la misma alegría y la misma emoción. Me gusta ver la mañana del 6 de enero a los pequeños paseando por la calle con sus recién estrenados juguetes, apurados por la prisa de tener que aprovechar el último día antes de ir al cole otra vez.
Eso de que los reyes no existen es mentira. Todo esto es magia de verdad.
Ah, y por si no se ha notado, sí, me gusta la navidad. Ya lo dije en su momento y lo vuelvo a decir ahora. Me encanta. Me revive. Me acogen sus manos frías por fuera y cálidas por dentro, llenas de luces horteras y chocolate a mansalva.
Mañana es el día de reyes. Y vamos a comer con mi abuela. No podrá sacar su abrigo de bisón, porque aquí en Valencia hace tiempo tan tropical que se deberían adornar palmeras en vez de árboles de navidad, pero no creo que eso cambie nada.
Bajábamos con mis abuelos y con Marta a ver la cabalgata, que pasaba cerca de casa. Yo siempre estaba atenta a ver si el rey Baltasar (el mejor , sin duda alguna) me lanzaba algún caramelo, o simplemente, alguna mirada rápida. Mi abuela me abrazaba con su gran abrigo de piel, que se pasaba todo el año deseando sacar en su visita navideña a Madrid (donde hacía frío para ello, se supone).
Luego subíamos a casa, y poníamos tres vasitos de vino y tres platitos de azúcar en el salón. A un lado, mis zapatos, y a otro lado, los de Javi. Luego, en una fila a los pies de la mesa pequeña, los zapatos de todos los mayores.
Y nos íbamos a dormir.
Y mi abuela decía: "¡Yo creo que esta vez sí que los he sentido!"
Y la gran alegría por la mañana, o de madrugada si mamá tenía que irse pronto a trabajar.
Ahora ya no hay niños en casa, ya no hay regalos. En lugar de salir a ver la cabalgata, me paso el día encerrada acabando trabajos a última hora para entregar la semana que viene.
Pero no os confundáis, no voy a terminar esto con el tono melancólico y deprimente de siempre que todo el mundo utiliza para hablar de la navidad. Este recuerdo de los reyes magos me esboza una sonrisita cada vez que me acuerdo. Me gusta mucho recordarlo, es genial. Ojalá algún día pueda hacer que otros niños sientan la misma alegría y la misma emoción. Me gusta ver la mañana del 6 de enero a los pequeños paseando por la calle con sus recién estrenados juguetes, apurados por la prisa de tener que aprovechar el último día antes de ir al cole otra vez.
Eso de que los reyes no existen es mentira. Todo esto es magia de verdad.
Ah, y por si no se ha notado, sí, me gusta la navidad. Ya lo dije en su momento y lo vuelvo a decir ahora. Me encanta. Me revive. Me acogen sus manos frías por fuera y cálidas por dentro, llenas de luces horteras y chocolate a mansalva.
Mañana es el día de reyes. Y vamos a comer con mi abuela. No podrá sacar su abrigo de bisón, porque aquí en Valencia hace tiempo tan tropical que se deberían adornar palmeras en vez de árboles de navidad, pero no creo que eso cambie nada.
Felices reyes.
:)
lunes, 10 de diciembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
Los pintores Qing
"...los pintores Qing consideraron la pintura barroca como una obra de artesanos de segunda fila. Para los chinos, cualquier buen artesano podía hacer una buena reproducción de las formas naturales, pero ¿por qué llamar a eso arte?"
Salvando las distancias en referencia a la pintura barroca, estoy fascinada con esta frase. Es de un libro que se llama "Principios de la pintura china", de George Rowley. Se lo recomiendo a todo aquel que tenga interés por salir de sí mismo y de su horizonte conocido de vez en cuando.
Salvando las distancias en referencia a la pintura barroca, estoy fascinada con esta frase. Es de un libro que se llama "Principios de la pintura china", de George Rowley. Se lo recomiendo a todo aquel que tenga interés por salir de sí mismo y de su horizonte conocido de vez en cuando.
jueves, 15 de noviembre de 2012
La felicidad
Después de la entrada anterior, me han dado ganas de publicar algo así como, una vez más, un canto a la sonrisa. A la alegría. A la felicidad de disfrutar buenos momentos.
Me apetecía recordarlos, tenerlos algunos de ellos recopilados en un mismo sitio, así que he hecho esta lista: Un recopilatorio de momentos felices. Pero felices de verdad, de los de alegría profunda.
Es importante guardar bien estos recuerdos que cuando vuelven a nuestra mente nos hacen sonreír. En mi cabeza, de vez en cuando, se cuela de manera furtiva un instante retenido, y también me ayuda a seguir adelante. Me hace ver todo lo bueno que tiene la vida, porque a pesar de todas esas cosas que parece que nos hacen perder la fe en la humanidad, siempre hay una luz. Pero sólo si tú quieres que la haya.
Madrid
La llegada a Estrasburgo
Las meriendas de verano con Guille
Madrid con Coco
La llegada a Argentina
El concierto de Muse con Guille, Edi y Javi
La Selva Negra en Alemania
Londres
Bailar en Kandesteg, Suiza
La llegada de Lucas
El jueves por la mañana con Guille
Dibujar por la mañana en El Parisien
El mejor cumpleaños del mundo
La mejor amiga del mundo
La casa de Markus
Dibujar en El Desván del Café por la tarde en otoño
Volver a Coslada
Ver el musical de El Rey León en Londres
Pasar con ellos un fin de semana
Más Madrid
La vida, al final, es maravillosa :)
(Y sí, hoy estoy ñoña)
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Hola, mundo.
Siento por mis incontables fans estar tan ausente en el blog durante temporadas tan largas. No sé, supongo que son épocas de la vida (con tono de Punset).
Ahora mismo estoy pasando una época ("época", creo que hablo más o menos de una semana) relativamente ordenada para lo que yo suelo ser, aunque igualmente y por supuesto no paro quieta ni un instante.
Estoy experimentando ciertos cambios de mentalidad, noto que voy creciendo. Noto la necesidad de ordenar mi mente (y mi habitación) cada cierto tiempo, porque sino no me encuentro a mí misma entre tanta mierda. Es como si mi cabeza fuera una enorme habitación en la que están amontonados todos los trastos que representan las obligaciones, los recuerdos, los pensamientos, los diálogos, los momentos retenidos...
De vez en cuando, hay que pasar la escoba, la fregona, ordenar todos los trastos... y tirar muchos.
No se puede acumular todo lo que uno quisiera como si fuéramos Diógenes. Al final eso acaba por matarte. Y me lo repito a mí misma una y otra vez, y sigo cayendo cada cierto tiempo en el mismo error, no te creas que aprendo tan fácilmente. Que no se puede, que no se puede. El ser humano está pensado (¿lo está?) para poder llevar cierto número de cosas a la vez en la cabeza, ¿no? En mi caso si amontono más de la cuenta, al final acabo saliendo mal parada.
En fin. Todo esto me está saliendo sobre la marcha, no sabía que iba a escribir sobre esto. Pero creo que es una conexión interesante la que acabo de hacer. El fin de semana reordené mi habitación de una manera brutal. Tiré muchísimas cosas. Redescubrí otras que había olvidado que tenía, y bueno, hice lo mismo en mi cabeza.
Y me sentó realmente bien.
¡Hasta "compuse" una canción! Se llama Rainy y es igual que Lady Madonna de Los Beatles. Pero oye, por algo se empieza, i'm proud of myself.
Esta foto es en "La selva negra" en Alemania, la primavera pasada. Creo que fue uno de los momentos en los que más claramente he experimentado la sensación de plenitud y felicidad invadiendo todo mi ser. Pocas veces se siente eso con tanta fuerza, eh?
Siento por mis incontables fans estar tan ausente en el blog durante temporadas tan largas. No sé, supongo que son épocas de la vida (con tono de Punset).
Ahora mismo estoy pasando una época ("época", creo que hablo más o menos de una semana) relativamente ordenada para lo que yo suelo ser, aunque igualmente y por supuesto no paro quieta ni un instante.
Estoy experimentando ciertos cambios de mentalidad, noto que voy creciendo. Noto la necesidad de ordenar mi mente (y mi habitación) cada cierto tiempo, porque sino no me encuentro a mí misma entre tanta mierda. Es como si mi cabeza fuera una enorme habitación en la que están amontonados todos los trastos que representan las obligaciones, los recuerdos, los pensamientos, los diálogos, los momentos retenidos...
De vez en cuando, hay que pasar la escoba, la fregona, ordenar todos los trastos... y tirar muchos.
No se puede acumular todo lo que uno quisiera como si fuéramos Diógenes. Al final eso acaba por matarte. Y me lo repito a mí misma una y otra vez, y sigo cayendo cada cierto tiempo en el mismo error, no te creas que aprendo tan fácilmente. Que no se puede, que no se puede. El ser humano está pensado (¿lo está?) para poder llevar cierto número de cosas a la vez en la cabeza, ¿no? En mi caso si amontono más de la cuenta, al final acabo saliendo mal parada.
En fin. Todo esto me está saliendo sobre la marcha, no sabía que iba a escribir sobre esto. Pero creo que es una conexión interesante la que acabo de hacer. El fin de semana reordené mi habitación de una manera brutal. Tiré muchísimas cosas. Redescubrí otras que había olvidado que tenía, y bueno, hice lo mismo en mi cabeza.
Y me sentó realmente bien.
¡Hasta "compuse" una canción! Se llama Rainy y es igual que Lady Madonna de Los Beatles. Pero oye, por algo se empieza, i'm proud of myself.
Esta foto es en "La selva negra" en Alemania, la primavera pasada. Creo que fue uno de los momentos en los que más claramente he experimentado la sensación de plenitud y felicidad invadiendo todo mi ser. Pocas veces se siente eso con tanta fuerza, eh?
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